viernes, 22 de enero de 2016

Las salinas

I
Sabía un ritmo
difícil de desandar
de unos números y otros

y los apilaba, concreto de luces
primeras,
no las últimas del lente

despacio hacia

en lentas nubes

orquesto el aterrizaje
de estas palabras en el molde
que yo quiera, que toque apenas
el cincelado borde, la casualidad,

el número no mío sino del demás

domingo, 27 de septiembre de 2015

Después del diluvio

I

no
primero
en la silla de delante
en el sudor del alma
y el aire evasivo del sol
que se pierde en los pasillos innecesarios
para esta hora

cuando bien sabemos
el infinito en esto no es lo que quiero,
esto está errado
cuando la historia con este mismo sol
pero en mi ventana
ese sol que escapa
allá puedo atarlo
con mis sábanas.

II

Una isla imaginada a medias,
un país improbable
de casas a mitad de vida
y luces ficticias que todo tocan
y edulcoran y ablancan
quitando el rojo que nos quedaba;

en los días regalados al diablo,
al olvido, al esteta de desiertos
que nos quiere (nosotros mismos)
en el largo de saber tantas respuestas
que se siente casi volar
y no nos interesa el vuelo ya.

III

(Una de las evasiones)

soy estas palabras y nada más

la molesta carga de estúpida verdad
de tantos idiotas que no sabemos vivir.


IV

Separarnos del espejo sucio,
estamos tan cerca derretidos sobre su marco
que nos queda desviada toda mirada;

sol oblicuo,
ventanas divergentes
por los caprichos de la luz,

obligan al orden
en los puntos ciegos
del caos corriendo hacia la belleza
y alcanzándola en los números viejos
que nunca alcanzaremos.

V

Volver a ser irresponsables de la palabra
el acto pensativo de lado, como antes alguna vez,
será que acaso la irregularidad mental,
dibujando fresnos y aludes a la vez
en el un sueño de hombre ciego,
sea la nave caótica por el cosmos
de posibles cosas o no ya no
podemos cubrirnos los cuerpos
con no entendernos ya nunca más
y solo ser un brazo en una luna perdida
escribiendo las playas sosas
de una historia tonta, sobredimensión
de mi propia terquedad cromosómica.


VI

No vi la estúpida luna
yo tengo una estúpida luna
para mi, secreto
que nadie jamás, no la dibujaré
ya no hablaré de su contorno,
no intenten quitármela
no podrán leer mi cerebro, esto
me lo dejarán, la desdibujaré,
guardaré mi conciencia en cientos de partes
nunca diré como ordenarlas
hay algo que no podrán tener no jamás no

(lo que no tengan
lo que mi espejo me cuenta
-parte dos)

martes, 4 de noviembre de 2014

Los bares de mierda



...decir que éramos una generación de idiotas
(que si lo fuimos) y ganar algún premio
y pararme de por vida,
que en la poesía quedan cada vez menos palabras,
que el que no se sube al tren ya tiene que esperar otros diez minutos
y así el apocalipsis y el armagedón y las finales del mundo...

Si hay inspiración lo arrojaré lo mismo

I

María corre para siempre hacia Luis
- aunque solo el lo sabe,
      preso del día incontable
  en que María corre; pañuelos pájaros libres
    desde el día UnoLuis -
         María tropieza pero el tiempoLuis,
  la vida en un vaso de agua donde el universo
se repite para siempre, como María
corriendo
a él
y  nunca ocurrió       

          porque el día dos
                del universo del lado
  dio las tres de la tarde            
      y eso mataba a la siguiente realidad
pisándola             rompiéndola        
                    hasta hacerlo un puto libro
de palabras que ya nadie lee.


II

"La poesía arruinó todo..." soltó Leónidas,
el tambero,
cuando desollaba al Toti de San Martín

"estúpidas palabras fijadas
que siempre olvidan la muerte"

"y la vida qué, la vida qué
sin ese dulzor amargo de la hiel de un fenecido"
dijo Leónidas mientras alzaba el corazón de su víctima
y Samuel miraba reprobadoramente
como el tambero palidecía y se volvía estatua
de su propia ciudad,
ya cuando atardeció
y hubo que buscarle un silencio.

III
¿Qué tenés?
Una muerte aburrida de tu miedo te mira en la esquina,
sentada en un banco espectral,
fumando
y pasando el tiempo
mirando las demás muertes
mirar a los hombres y volverse a casa
como si nada hubiera pasado,
como si a los hombres pareciera importarles
eso del ahora pero pronto lo olvidan,
muy pronto.


IV

"Yo era poeta, la puta que te parió"
gritó en vano
cuando las persianas caían sobre sus pies
y veía la sangre, de a poco,
brotar de los zapatos que no eran zapatos eran cartón
y putear
y "hay una obra que la humanidad merece que le dé
y necesito otro trago,
que las musas me visiten con el elixir olímpico,
dame un trago, hermano
no se lo niegues a un hermano
que lo hace lo mejor, con la última sangre
y una última palabra para tu funeral" agregó y
lanzó el contenido del bidón a su lado
en la puerta y el chispazo el fuego que devoraba la puerta del local
y lentamente su carne,
mientras escribía
otra puteada para el dueño del local
en un idioma extraño.

V

"De verdad que no te necesito"
lanzó en la bocanada de una ventana muerta a las tres de la mañana;
"creo que aprendí a medir,
justo hoy ,
siempre que puteé por los números y ahora me ves"
 Implacable y desnuda,
las cortinas se apretaban contra sus costados
deformando la ventana que a esta hora
cuánto fue que tomamos

"es jodida la realidad,
tan tan jodida... -bocanada, en la ventana eco de un metal profundo y azulado-
que no podía verla hasta que lo hablé con todos,
absolutamente todos los que se requieren para contar
y sumar y dividir y meter números debajo de la alfombra
y de las sábanas; arrojarlos de un balcón a una pileta
o quemar árboles para que entendieras el símbolo"

Las lágrimas no existían
y ni siquiera eran imaginables.
Y Ella no terminaba su cigarro.

La mañana
no encontró a nadie ya,
y una imagen fue arrancada
para que no existiera.

VI

El trago estúpido,
el porro innecesario;
a veces es todo una mierda,
hasta lo que uno más ama.

Pero ya llegará el día.
Y las mujeres también estarán ahí,
esquivando nuestros pasos zigzagueantes.

VII

Oh tenemos todo el mundo en la mano
menos nuestra propia larga siesta
de digamos, tres años
en los que digo duermo y ya;
a lo largo de cinco años estaría bien,
que me dé el sol las mañanas y no me dejen pasar frío,
nomás, merecemos desaparecer cuando se nos cansa hasta el pelo de vivir,
o cuando todo se vuelva tan evidente que nos aburre hasta nuestro propio nacimiento.

VIII

Música sinsentido de la cabeza
hacia nadie y nada,
instante perdido
recién,
volvé las palabras; la música
ya no es la misma
aunque amsim al se on ay
(ya no lo haré
no llego hacia atrás no tiene sentido
no había nada
una tonta melodía sinsentido de la cabeza
intentando hacer algo
y no recuerdo qué
o quién estaba ahí).

X

Pasto en la cabeza
pero así como el pelo directamente
no es que hubo un revolcón de pasto
sino pasto, directamente, le crece pasto desde el cerebro
es el escalón hacia la siguiente evolución del hombre
en planta, en vegetal,
en un organismo estático que se aferra con todo lo que tiene
a los que tiene más próximo y no lo suelta
aunque tenga que destruir las construcciones de los tontos hombres
de ahí arriba.

XI

Este trago fue más serio
fue para mirar a la mañana en la cara
y entornar los ojos
y deformar los edificios y que esto sea
una mañana que desarmo a voluntad.

XII

(Dispersión)


Agua
para todo un día en la sombra de la catarata.

El sonido más profundo de la mañana
despertó su cuerpo
e imitó a los animales
que en las montañas veía.



martes, 7 de octubre de 2014

Mendigos

I
La hora pide una gracia evanescente,
mendiga por un cuadro despintado.

Te pide que te recortes contra la ventana
que nombres parajes lejanos;
que pierdas el alma afuera
en murmurar secretos nombres impronunciables,
inalcanzables.

Dame tu perdida hora de duda
cuando tu boca desarmada se deshace
en las hileras del rocío
y los empañados besos
de dos solos
frente a la inmensidad que nos asusta.

II

Apenas sé tu nombre
pero tu forma está en mis dedos
desde la lejana noche en que te soñé
y creamos un día bajo los árboles.

Y de qué importa el nombre
si conozco como despertás
como callás la luz de la tarde;
de qué importa aún la forma
desandando tus serenas profecías
del amor y la fragancia,
las tardes ganadas en unos ojos;
de qué importan todas las cosas
si en los momentos solos,
bajo el juicio de los astros,
sabemos recorrer las distancias enormes
entre esta boca y la tuya
desanimados por el cansancio,
el puente hacia el cosmos
revelado
silencioso
en el pasar mi dedo por tu piel
y tus mejillas
y tu todo.

III

De dónde sale este orbitar,
este prelegómeno de estupideces varias,
este desvariar insensato
sobre tu planeta ebrio,
sobre tus pájaros desaparecidos;
sino del cavilar tardío
la embriaguez del recuerdo
de las cosas puras
cuando se arman a deshora,
a la horrible deshora
cuando todo se escapa
y la estúpida muerte
da una vuelta por su dinero.

IV

No tengo otra forma
que esta ebriedad de tus bordes,
soy un mendigo inconsistente de tus infinitas bocas;

soy un deshecho
por las otras pasadas vidas
que me dejaron en un lado del camino,
viendo pasar las glorias de los demás hasta que
¡Locura!
supe los palabras desorientadas por tu paso,
supe de tu cuerpo esquivando el día
hacia la noche profunda;
palabras necias que los demás habían dejado
en un puerto sin barco alguno.

Y no camino.
Descalzo ante la sombra
bebo un trago más
y celebro como tu andar
desmaya los viejos templos de la mujer;
la sorpresa
por el advenimiento de las mareas suaves
del verbo que redondea la idea del mar.


IV

Puedo enamorarme de vos
si me descuido,
si no protejo mis ojos de las luces
que te traen dormida a mis desvelos;

puedo creer tus líneas
bordadas en el costado de mi cama,
rotas sobre mi cuerpo vacío,
calladas en mi boca deslucida
por los años
y los besos errados.

Puedo
arrimarme a tu costa somnolienta
donde la danza del sueño
ocupa en tus ojos
la ida de los peregrinos
hacia los viajes de los viajes de los viajes,
ida y vuelta,
tu cuerpo enciende el inicio
y el ocaso.

Y la música.










domingo, 16 de febrero de 2014

Tarde

me dejo la piel
de domingo
de todas las muertes que pude haber muerto
moviéndome solo por el viento siquiera,
moviéndome por el ángulo de esa puta cámara,
moviéndome por rellenar de cemento
los puentes entre silencio y silencio.

Me quedo
en una cerveza atardecida,
con los creadores del mundo mejor,
en la boca,
con la música de los muertos.

viernes, 14 de febrero de 2014

Por
dejarte
ir

me queda esta marca en la cara
azulinvisible en la noche.