I
Tanta imaginería hirió mi costado
tanta imaginería descosió mi forma
y en el caldo de los soles, en el centro del todo
me desarmé de agua incierta, desarmándome en la nada.
Un sombrero en el viento
escapando de una guitarra y los pastos ondulando
en la vieja casa de cada sueño;
cada sueño de cada uno entre los dos nombres
de casualidad o no casualidad
porque entre tantas tantas cosas
hallábamos la misma palabra
para los años de la distancia
en la luz
en la luz...
II
La arcilla ¿Quién se la quedará?
¿Quién terminara nuestro mundo del simple barro?
¿Quién alzará las hojas inconclusas
que estos dos árboles soltaron sin terminar?
La inquietud entre dos puntos tembló
y deshizo el telar de una nube
y de otra nube
que se mecían distintas a las demás
en la sincronía del desvío de la luz en el horizonte.
¿Quién tendrá el amarillo en la ventana?
¿Quién tendrá ese blanco en la mañana
y ese rojo en el pelo?
¿Quién puede completar la incompleta perfección
que dejó los hilos del barrilete más alto
en el campo a merced de las lluvias interminables?
III
Todos los trenes llevaban banderas en el viento
ondeando cada camino y cada llegada
en una fiesta secreta que no se repetiría
porque ese día
ese día podía ser, desde el rincón de la timidez y la inmensidad
el día de los astros exactos
que quiebran las vidas y los porvenires
y los llevan dulcemente a un amarillo de una mañana sin fin
en que esa posibilidad más íntima
toque las manos de dos átomos distantes
que quizás hubieran sido
que quizás hubieran sido...
ese secreto que nadie más
en el claro día
en la clara casa mundo
de este baile interminable.
IV
Una voz dijo algo en la electricidad
y se hizo sonoro pájaro
¡Sonoro pájaro venciendo la electricidad
que todo lo apaga, que todo lo calla
hacia ese indeterminable sonido
que podemos confundir con cualquier otro!
Este pájaro fue sonoro,
ese nombre fue tallado en piedra
y hubo un oráculo que sesionó la luz y el desierto
hacia la búsqueda de esa voz lumínica
que pudo hablar, que pudo ser bronce
en medio del ruidoso silencio.
V
El mago
ejecutaba una canción que había oído en un sueño
pero nunca le hallaba un final de oro.
Recorrió todo lo verde del mundo
y hasta todo lo rojo
en medio del amarillo de los días que distan de otro día
en la inmensidad del color.
El mago preguntó a todo ser
si algo sabían
si habían oído pero no
y recurrió a los pájaros
y recurrió a los elefantes,
que siempre callan pero saben una verdad.
Recurrió a los árboles
pero ya estaban mudos para los hombres.
Recurrió a la piedra
y a los círculos mágicos.
Buscó en el cielo, buscó en el agua.
Buscó en el aire.
¿Todavía no te preguntó?
Quizás
solo vos tengas la respuesta.
VI
Las luces no pudieron tocarme en mi huida
en el no sonido, en el no me nombres
en la profecía quebrada de puro empeño
de pura negación de las galaxias.
Huí donde la luz no me tocaba, huí al mar
pero ya es hora
y espero estar lo suficientemente lejos
para dejar esa luz otra vez sobre mí;
que me envuelva y me dé otro nombre
que ya las sombras
asustan a mis ojos
y condicionan mis letras en las tardes en las cuales
un té compañero
me hacía escribir en el cielo mismo
cosas que solo yo
antes vos pero ahora solo yo.
VII
Aunque no
¡Aunque no!
Tu voz una vez tembló del otro lado
¿Y quién soy yo para las cosas?
¿Y quién sos vos?
Aunque no,
no vos
la culpa nadie de esto
¿O sí?
De inquietos
y de galaxias
¿Fue así de simple?
¿Así de vasto?
¿Así de roto el sello de los días por llegar?
Digamos, alguna vez
que una supernova o no
un choque de planetas
una catástrofe galáctica
que desprendió una nueva luz
que pronto todos olvidaron.
VIII
Tan simple
como el jardín en expansión
naciendo de tu voz y la mía
y el cielo y la mejor luz del mundo
de la melodía de todo nuestro delirio
en el mismo color
aunque nadie lo crea nunca más.
IX
Abandonamos la isla
cada uno tiene su barco
y su cicatriz del sol
y ¿Cuál es tu norte?
Yo elijo el oriente
a enredarme en las montañas
y soltarme el alma en el fuego
de la sabiduría blanca
que me dirá de la paz de mis ademanes
al relatar la historia
para quien quiera oír.
Te dejo el mapa
de la galaxia que dibujamos una vez.
No lo pierdas.
Adiós,
me llevo
la marca de tu sol
y el acorde de tu voz
de ese adiós
que solo pude imaginar.
sábado, 29 de enero de 2011
Once Once
Cuatro veces el uno en el pizarrón;
cuatro maestros en las tizas sutiles
intentando explicar los inicios
y la parte de su blanco delantal
que todos que todos de las estrellas.
Un rastro tenue, blanco y nebular
se les escapa para explicar
las estrellas
las estrellas
y esa explosión que atizó la queda mudez...
esa explosión que hizo que todos nos sigamos alejando
unos de otros...
Llegará el día
en que esta separación
nos termine y ni las espaldas
pero los maestros siguen frente al pizarrón
llenando de unos el lugar
para que nos despertemos.
cuatro maestros en las tizas sutiles
intentando explicar los inicios
y la parte de su blanco delantal
que todos que todos de las estrellas.
Un rastro tenue, blanco y nebular
se les escapa para explicar
las estrellas
las estrellas
y esa explosión que atizó la queda mudez...
esa explosión que hizo que todos nos sigamos alejando
unos de otros...
Llegará el día
en que esta separación
nos termine y ni las espaldas
pero los maestros siguen frente al pizarrón
llenando de unos el lugar
para que nos despertemos.
Marina
Moldeada de olas,
presente de sal, exacta de mañanas,
soñada de inviernos,
distante de ventanas...
¡Hacia tan lejos!
Hija de la sal,
tu orilla es el poniente,
tu orilla es mi sol, mi mar
que recién allí comienza
a desandar la ciudad
que dejo atrás con todos sus vapores;
la ciudad que se desvanece ante tu sola presencia
adornada de todos los mares
y todos los soles,
todas las refracciones que luz pudo,
que la luz,
que el mar,
que tu forma
en medio, en la mitad
de los dos seres divinos
que nos coronan
infinitos con tu mano.
Siglo de manos
Qué de qué hambre en las manos
si
sé que es cierta
por más que las paredes se crezcan sus talones
por menos que un ave cruzando de tantas que hay
y tan poco cielo
sé de la verdad, la poca,
que las manos son ciertas y están hechas para la abundancia
¿No ves como el agua las toca?
¿No ves como la arena se hunde en la piel,
cómo giran los círculos,
como todo cierra el horizonte?
Hay manos.
De azul a celeste
La mañana se quitó el azul.
Perdimos las sábanas,
perdimos la almohada,
perdimos los zapatos,
perdimos el techo,
perdimos las puertas,
solo nos quedan las ventanas.
La mañana se bañó de blanco,
intentando sacar los restos del azul
que ya no, ya no quedan
y las estrellas que lo sostenían
se fueron ya.
Hay una ventana flotando en el aire,
en ese lugar de donde lo demás se fue
y no podemos ni peinarnos
que la ventana está ahí,
como esperando, como diciendo
que ella fue la única que estuvo desde el inicio
aunque no la viéramos
o algo así.
Brújula
La brújula
en la misma arena
¡En la misma arena la perdí!
La brújula,
que podía decirme tantas cosas;
que podía
fabricarme escaleras para las nubes,
la brújula,
la perdí en la arena.
El cielo es rosa.
Todos equidistan la simetría
de las líneas y relíneas que caminan sobre ellas
encontrando los cofres perdidos;
todos tienen las sogas
que no permiten que se caigan de así nomás
y yo
que ni brújula
tendré que dibujar las líneas a mano
e inventar una escalera con simple arena.
Mientras los otros la gloria
yo la búsqueda
y las edificaciones imperfectas;
pero de ellas, quizás alguna
para aquellos sin brújula
sea una parte de cielo
que les toque el vuelo.
Mar
Arrastrando vendimias, la montaña se desenlazó y se fue al mar a contar historias a los peces.
Las vendimias siguieron sin montañas y sus cientas en el aire se perdieron en el mar.
Las cintas se siguieron sin hilos que se quedaron en el mar.
Todo apuntó su norte al oeste sin fin.
Los árboles levantaron sus vestidos y se fueron al mar.
Los pájaros hicieron nidos de aire, sobre el mar.
Y el mar cansado se fue a la tierra
y no volvió nunca más.
Las vendimias siguieron sin montañas y sus cientas en el aire se perdieron en el mar.
Las cintas se siguieron sin hilos que se quedaron en el mar.
Todo apuntó su norte al oeste sin fin.
Los árboles levantaron sus vestidos y se fueron al mar.
Los pájaros hicieron nidos de aire, sobre el mar.
Y el mar cansado se fue a la tierra
y no volvió nunca más.
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