jueves, 23 de junio de 2011

La inquietud y la galaxia en espera

I
Asoma el pañuelo al pie
atando el suelo a la compañía
y los danzantes átomos se quedan
en el círculo voraz del tiempo.

Decí tu nombre
y construí tu árbol.

Los pasos no se detienen jamás
solo pueden encontrarse
entre sí
y entre no.

II
Preguntaron
y la respuesta era perfume;
a todo respuesta era
que ya nadie quería oírlo.

Amarré el viento a mi montaña,
y lo bailo con mi ceguera de colores
¡Sólo tres!
Que dibujan mis ojos,
que sacuden mi ánima
descansada del cansancio
por la tierra y la arena
y el aire
que sostiene la comedia
mientras pueda sonar
la campana
y la otra campana.

III
Sed
y oriente errado
al otro extremo
de la cosmovisión que entonces
consumo las porciones de hojas
que se desprenden de las estaciones vacías;
de no encontrar el sendero que sea la suma
que sea la multiplicación admirada
de las borrascas incansables
que dejan una línea de sol
tan ínfima
que la guardo en el bolsillo.

Nada

Almohada

Habías leído las líneas de mi sueño
y no lo supiste anotar en la almohada
no lo supiste hilvanar en mis sábanas
que esperaban la mañana que solo gris
y ya nada podía, ya nada
yo el deshilvano, la tarde eterna de espera
de los círculos sellados en los libros
los antiguos, los eternos
y que quería saltarme hacia el vos,
pero no, el sueño puente, el sueño camino,
el sueño vibración límite de dos pulsos
que desencontraron las preguntas
y aún así a las respuestas llamaron
y asonaron.

Saltarme a vos.
Sólo con el título de mi ser.

Invernal I

La triste amor,
la pesada nieve,
la desecho del invierno
del verano helado
en las montañas ardiendo.

Todo zozobra
sobre los cables
sosteniendo nubes
que no precisan
que no necesitan
a nada nadie,

de quien o quienes
cintas azules sueltan
solo para nos
y edificamos muelles hacia arriba
tantos azules amamos
tantos azules reventamos
cada mañana
e intentamos rearmar
cada noche.

Y la noche, la día,
contando las flores del jardín
aunque aún no,
no es primavera
y el invierno atasca la cosecha
sobre los pliegues de la ropa.

martes, 21 de junio de 2011

Soles y puertas

Conté los soles
una noche de tan desvelado
que las puertas
estaban todas desarmadas
sobre mi mesa
y mis relojes sucios
de tanto abandonarlos

es que
tanto me pregunté,
más tanto no me respondí
que aún hacia ese pasado
vuelvo, viajo, viro
como el elefante que se sienta
al recuento
porque solo no más.

No hay puerta
y nadie puede llegar.

Voces

Cuidado,
se escapa un cometa,
un tigre
o una serpiente,
cuidado con la invocación
de por más nombres
de lo fuerte que la voz...

no se terminan nunca
esos devaneos ideales
de las cosas soñándose en nosotros;
no se separan jamás
de nuestro derredor
aunque los silencios ahuyenten
los fantasmas caminan ahí,
en las líneas del silencio
y dicen cosas,
solo cosas
que se pierden en las voces
y vuelta a empezar...

Culpas

El mundo roto
y es tu culpa

sino que yo
pudiera limpiar con lluvias dulces
pero el aunque
no limpia las selvas
y los tigres aún duermen en el fuego.

Sino que yo
tanto de vos
como el mayo aguado
en las dormideras de enjambres
zozobras de líquenes
y cuadrados de sol
por nuestra ventana,
por mi ventana tu ventana
mi
ventana
tu
ventana
mi
tu
ventana
mi
vos.