lunes, 20 de junio de 2011

Andén

A noche de a tigres blancos
deslizándose en los azules todos,

puentes de a rios cruzan los vidrios
cuando se escapan sonéricos los gatos.

sábado, 18 de junio de 2011

Lucidez

Dividido por cien veces
hay charcos ahí, en los pies,
hay mujeres atareadas de lluvia,
hay sonidos abriendo puertas,
hay maravillas de a centímetros
de a poco en la vista, poco
en el mundo.

Caé en mi,
que las montañas sagradas
ya me tienen en su tallo,
con mi renombre hasta la cima
de tanto preguntar,
y preguntar y los fríos
las sombras y el sol lejos,
la sombra del casi cielo,
y vos que caigas,
que mis brazos
a los tuyos
y a los míos

insignias del lumínico fin.

Dos y calles

Recruzando
los hilos de dos voces
alterando el cableado humano
que cuelga de todo techo,
recruzan los no silencios
de estallos
y caídas operísticas,

la mar de violencia

el quiebre inoportuno de la lluvia,
no nos somos los mismos
nos engañamos de dulces
y no tan así
que los soles son los más
y la claridad vidente
puede secar los labios,
puede quemar las flores.

Lluvia y lluvia

La lluvia es el fin,
la lluvia es tu tarde,
la lluvia es mi noche
ya.

Los labios saben
y en tu círculo es de día aún,
como siempre,
como nunca.

jueves, 16 de junio de 2011

Iniciaciones no

Intoxiqué la llegada,
la vicié en la puerta, rayando los colores
tan depuestos por la iniciación
pero a los demás no yo
del simple yo desencontrado
en todos los demás espejos

rayé la puerta de rayo mío
nadie iba a iniciar nada
ya todo estaba, todo se decía
desde mucho que antes
y yo vine a reventar los vidrios
y que todo sea afuera.

Tornados
de una mano
que separa las cosas
que adentra lo de afuera
que afuera lo de dentro
y así la noche
que ya empieza desde el ya
cuando rayo la puerta
cuando intoxico la llegada
y no hay inicios ya
sino el lento progreso
del círculo que ya tan lejos
no se puede ver.

domingo, 12 de junio de 2011

Resurrecciones y esas cosas

I
¿Cuántas veces muerto en las tardes
y de resucitadas mañanas
las más pocas?

Llama mi nombre, ave,
salven mis sueños,
peces,
que desangrando el camino,
que perdiendo las huellas
voy tonificado de los pesos enormes
de las marcas rojas de las cosas.

¡Las cosas!
Como si algo, como si todo,
fuera tan simple
al argentino
en la cosificación
de lo todo el intento a todo
de ponerle el sello de nada
de mi cuerpo
y mi mente altas
atrapando las toneladas de los átomos
como si nada
como hacia la nada.

II
Mi paso es tan lento
que desespera a la rotación
que me llama y me oprime
con tanto hinchado rayo de sol
que ya no soporta
el demás, el tope de luz,
que pide los estallos
que ansía las depredaciones
de las sombras
las incólumes esferas del delirio
que me llaman
intentan, promueven
la indecencia del tiempo,
las incandescencia de las horas
que me dicen de las botellas
y de las fórmulas mágicas,
por este ser
por este no ser
que quieren encontrar
en la mitad
en el centro de la duda.

III
Me llamaste alguna vez
y ahora ahí,
tan invierno de distancia
tan atareados tus árboles
que nunca antes
que sí antes, no antes
si tu antes, si mi antes,
si mi ahora, no tu ahora
me duelen los huesos del ayer
y ahora, con la miel, el bálsamo
no es tuyo esta vez, sino alguien más
que conocés y no,
porque no me decís, solo no
porque es mi búsqueda
y tus placeres del silencio.

IV
Hendí las miel en medio de la montaña
esperando el milagro
pero ni siquiera el ave
ni siquiera ese pequeño dios...

...todos atareados con las frágiles consecuencias
de los pasados desatados
que tan simples y tan vacíos
pero nada, la ocupación
de las mentes,
la guerra a los momentos
que nadie pudo,
que poco soy
que nadie observa.

V
El manzano en la colina,
el manzano en la más alta montaña
el secreto de su dios personal.

La verticalidad de las flores,
las sombras diagonales a la luna,
la soñada directriz de la orquesta
que repite escafandras
en caída, en lluvia.

El manzano susurra, habla lejano,
dista,
encuentra nombres secretos
y pierde las líneas de los seres
y mezcla las líneas de los seres
los llamados senderos, los llamados caminos,
confunde los límites de las imaginarias tardes,
sofoca las rebeliones sensibles
que buscan dinamitar la experiencia
sonando invisibles y certeros
en el fuego de las mañanas.

VI
Las suertes desdichadas
que se cruzan de vereda, que no quieren
que no se nombran
que listas se pudren en el viento.

Las suertes que me tocaron
las suertes que no me tocan.

¿A quién dan su sonoro respiro?
¿A quién rozan dulces
en el mar de toda delicia?

Pensaba acaso en la suerte del sentir
en la suerte del perder
y acaso hallar como nombre disímil
de todo yo un poco yo
por esta tarde que se fue
y las que se irán
en los secretos, en las superficies
de ese algo...

¡Ese algo!
Que repito la magia,
que la magia ya no existe.

VII
El viento
el socorro del aire
para las ideas que se nos van
y entonces alguien...

Alguien puede tomar el pétalo
el pétalo del pequeño ser
que se escapa, que siempre
escapa y da nombre a la marea

y ¿Vuelve?
Esa marea desarmándose,
esa marea ebria de calma,
que nos trae el mensaje secreto

al final,
nos suenan los pétalos,
nos susurran los escapes
y nosotros
de a cuerpo de a dos
podemos.

Sí.

sábado, 4 de junio de 2011

Nube

Todo lo antedeluviano se encerró a estar
solo, de árboles y
voy automático
a despellejar ornamentos
que solo no me gustan
y dejo de estar
por querer estar.

Las curvas del aire
no me importan
si no tienen ese perfume exacto
de mi día,
de mi alba
que justo ese día
suelo olvidar en la almohada

cuando mi mente dice
que nada,
que todo queda ahi
en la inocencia que perdemos
de tan rápidos
y tan etéreos.