miércoles, 5 de enero de 2011

Marea

¿Notaste los desdibujos de la luz en el agua?
¿Viste el plenilunio inquieto en el mar?

Las manos aún arenosas
la piel aún salada
y el frío bajando del sol que cae.

La cinta de tu pelo
quiere volar e intentar cruzar ese mar
y se va y corrés tras ella.
El agua se desarma en tus talones
cuando yo te miro
en las últimas incandescencias de la tarde.

Y la sensación
de los infinitos mundos allá detrás
porque el miedo no existe
es solo la distancia que pudo haber entre nosotros.


Iris

Las líneas que dibujan la habitación
se completan con tu cuerpo blanco
iridiscente de mar
que no alcanzó aún
la costa que más ansía.

Las primaveras se desnudaron frente a tu verano
que ardía sonoro en el vaivén
de tu sueño de crepúsculos suaves
nacientes de tu boca mar.

Cuaderno diamantino

Los desniveles moldearon mi mente
a la irascible pirámide industrial
que descansa sus húmedos brazos
en la inalcanzable cúpula desértica.

Llevaron un desierto a la cúspide
inmaterial como un grano de sal
y danzaron los orfebres
sobre la túnica circular.

Perdí todo ritmo
y síncopa personal
por un barco cargado de veleros
para la costa menos inusual.

¿Quién me arrastró bajo las molduras de los sueños de otros?
¿Quién me eligió tirano
de la república crepuscular?

martes, 4 de enero de 2011

Un adiós en un violeta incierto

Una mañana se quedó en mi piel,
una mañana se quedó conmigo
y me vistió, y me alargó el día
hacia esta hora que será la misma
muchas horas después.

Lluvia cayendo del techo más alto,
entre las nubes que dejaban poco sol
para estos mortales que se desviven
por un pedazo de luz, una inquietud
de querer todo el universo
en un puño o en la mano.

Y yo que dejé una luz ir
y esa mañana me sigue,
y la luz que veía desarmarse,
la luz de cada noche en la ventana.

Serán estos pies que no toleran el suelo
será esa luz la mejor luz del mundo
de la que simplemente debí alejarme
para intentar todos los espectros y halos
de días y días y noches y los entredías,
será tu brillo la ausencia
de mi yo en este mundo
solo por un pedazo de oscuridad
de un camino incierto
que pude haber dejado en el sueño más claro

pero

y ya no sé
si hice bien o mal
solo sé que hice
y a ello me enfrento
y me enfrentaré.

Una mañana se quedó en mi piel,
una mañana se quedó conmigo
y me vistió, y me alargó el día
hacia esta hora que será la misma
muchas horas después.

domingo, 2 de enero de 2011

Círculos Imaginarios (Epílogo)

I
¿Cuántos círculos puede trazar una rama olvidada en la arena?

Da la hora celeste las doce,
da la exactitud solar sobre mi cabeza.

En medio del día y la noche,
en el espacio que se abre entre los dos gigantes
tomo la vara de los tiempos sonoros
y trazo con ella los círculos de las posibles vidas
que imaginé estando dentro de ellos,
en la arena, en la simple arena.

II
Apenas había sentido un halo de tiempo en mi mano
cuando alcé el color que reía dulcemente
entre destellos frutales
que se sostenían lejos del suelo.

"Bienvenido a los sin forma;
para seguir tenés que adoptar la insustancia,
la olvidada esencia que nadie intenta recordar
porque donde no había pies
no había fuerza aún"

Habló el color
y no hallé la sustancia del sonido.

La cavilación solo me enterraba en la arena
y el color se expandió en el aire
y con la voz llamó a las estrellas
que se aproximaron a ver;
lúcidas de día, cálidas de silencio.

Solo esperaban
el espectáculo
en que abandonara mi cuerpo.

III
Pura sustancia inquieta
que no hallaba reposo sino en el avance
hacia la inalcanzable fisura
que había entre los brotes del tiempo.

Pura emanación de la sonoridad clara
juntando mil distancias
e incontables desniveles de fronteras
que todo tocaba a la vez.

Era todo a la vez que nada
pero sabía del momento
en que esos dos extremos temblaron
en la huella de mi vaivén etéreo.


Un poco de sombras y de flores

Las resombras de la tarde
endilgaron a los árboles
de inútiles cartas
para este juego de los nosotros humanos
dedicados a perder tanto
por tan poco de sangre.

Soy un barco extraviado.
Soy un sediento de manos.

Aunque abra la mágica puerta del oriente
aunque sea un peregrino sucio de este oxidente.

Aunque intente la redención
y siga con los harapos por los santuarios en ruinas,
las sombras mías son inútiles
y ansiaba despedirlas de mi círculo
solo por la exactitud del número
que ya no quiero.

Quiero una nueva sombra
que aproxime mi forma a la de las flores
que despiertan lejos de la primavera.

sábado, 1 de enero de 2011

Equidistancia

I
Parálisis esféricas
a los recodos de nuestros encuentros,
atomizando los rincones a ráfagas
de la incandescencia elíptica
del radio de los enigmas de cuerpos.

Y fue un largo vestido
que no se podía desenredar de mis pájaros
en el vano intento
en el vano intento...

II
Diciendo el secreto nombre de un aroma
que el viento lleva silencioso
como en un ademán de milagros ocultos
dados solo a los elegidos de la luz
entre las tantas sombras...

Se me queda el sabor de puerto
se me queda en los labios el suave mar indefinido
que recorriste en mi llegada tardía a los hechos
al intento del desenredo
de la maraña de tus sueños alocados:

nadie puede alcanzar las magnánimas puertas
que lucen tus brazos
cuando el poniente se disfraza
de mendigo y nos trae los harapos
en la humedad de la plegaria
que espera en la paciencia
de los abedules que miran
extasiados de la hora.

III
Trajeron a los santos de este reino circular
para que nosotros, los ideados,
seamos los cíclicos nadadores
de estas aguas fraudulentas
que esperan el rayo.

¡Oh, santo rayo!
¡Quién no quisiera la fuerza de tu ser
adormilando a los impacientes de las monedas de plata!

Pero aquella,
ella,
la luz y sombra de la vendimia
vuela en él
y el rayo revela secretos
que ni a nuestro reflejo
en la clara noche
desprendida del día...

IV
Tu laberinto,
tu mapa inconcluso.
tu forma interminable
de apenas te desprendés de mi.

¿Qué es la medida
del largo de las idas
sin los resquemores
de los colores decadentes
aprisionando nuestras ventanas?

Un revuelo de pájaros
distancia nuestras sombras
al paso del sol inseguro
entre dos gigantes posibilidades
de conquista de este pequeño mundo.

Tu laberinto, en la espera
de mi liberación de los códigos ocultos
que suelte tu mano a la mía.

V
Las réplicas son insuficientes
este vasto territorio de formas coherentes
nunca nos alcanzará, lancemos los cuerpos
anestesiemos las miradas de las aves
transformemos nuestra sustancia
en receptáculo de las incoherencias
que al dios se le escapan.

Seamos libres, mi alma cuerpo mujer,
seamos todo en el espesor de los bordes nuestros
anexemos cada extremo del otro, fundamos
los anhelos que escapan de la ebriedad del desvelo
de tanto tanto por tan poca porción de aire
que el cielo se nos lleva
sin el cambio a la espera creado.

VI
¿Cuántos soles perdimos
por la avaricia de las tardes
que quieren a todos los seres?

Contamos solo en la noche
los soles que nos distan
más allá de la extensión de lo que los demás dicen

pero no podemos poseer nada
porque no lo tocamos aún.

¿Quién dijo que esa porción de la galaxia
es no nuestra?
¿Quién nombró las elegías vacías
de hombres que hacen exactas las palabras?
Todo se transforma y nada permanece
así como tu silueta
y mi derredor que te regalo
con cada nueva lejanía
que mi bolsillo guarda
lejos de las profecías tan ciertas.

VII
Até globos a mi entierro
y así todos
fueran volando a buscar
lo que yo también y no,
el simple de no estar ahí,
en la confusión de colores insípidos
saltando entre aguas secas
y despilfarros de sueños.

Mi niña, mi sol azul,
soltemos las ataduras del cuerpo
que ya no nos basta
para tanta incertidumbre
y los límites impuestos a la mano
en el circo de las celestes esferas
que dinamizan la mirada
y entristecen el tacto nuestro.

¿Qué otra cosa podemos pretender
que el todo todo todo?
Si vinimos sin razón aparente
a resquebrajar un orden exacto
para estar siempre fuera.

Mi dulce, mi microcosmo,
saltemos sin las dudas
de los sin nombre
que no son capaces de cincelar
su porvenir en la piedra
del círculo en su eterno mirar sombras.

VIII
Siempre recortás el sol con tu pararte así,
tan creyente de tu divinidad
y yo soy tu primer devoto
que sacrificaría la mirada ante la incredulidad
del saber así la forma que desarma
el sol que siempre,
siempre,
regresó enfundado
de la gratitud de la paz.

¡Pero el sol se adormece!
Pero el sol se erosiona
en su paso por las vidas
y es que tanto por vos
que una mirada lo abandona
creyéndolo único
de la forma de tu alma.

IX
Me gasté la suela en falsos círculos
que no llevaban al mismo lugar;
me gasté el pie mismo
en la desventura del nombrar cosas sin nombre
buscando la palabra secreta
de tu naufragar y el mío.

Mendigué en tu forma
que mis manos intentaban
en el callejón de las desidias
que confundían la patria y el arma
y yo no
¡Yo no!

¡Yo que prediqué un nombre sin forma
sino el que a cada uno el barro de las manos!

Mendigué en tu recuerdo,
hielo de despertares de cada mañana;
espero aún que la galaxia se reconcilie
con las posibilidades de dos extremos
que una vez se tocaron
para separarse por culpa
de un rayón en el cielo mismo.

X
Disolución de casas aéreas;
todas caen a enterrarse a la tierra otra vez.

Y es que él las quiso a todas,
es que yo la quise a una
y esos dos vórtices
colapsaron los rieles
de la anatomía celeste que iba
sin forma incierta a algún lugar.

Y todos que amamos las estatuas
que nos sobreviven como dioses
quietos, esperando la hora del renacer.

No pudimos no aferrarnos,
no pudimos extinguir la distancia
porque mi costado
y tu costado
serán siempre uno.