domingo, 5 de septiembre de 2010

Exilio


Me hice pared, me hice baldosa, me hice cemento, me hice ventana, me hice mantel, me hice avión de papel, me hice nube, me hice sombra, me hice rayo de sol, me hice agua, me hice hielo, me hice orilla, me hice barco, me hice escalera, me hice piano, me hice taza, me hice jardín, me hice flor, me hice árbol, me hice raíz, me hice noche, me hice lluvia, me hice sábana, me hice pañuelo, me hice tren, me hice pez, me hice montaña, me hice caja musical, me hice almohada, me hice techo, me hice madera, me hice cuaderno, me hice frazada, me hice guitarra, me hice chocolate, me hice vos.

En la ciudad del sol


En la ciudad del sol,
donde el sol cae sobre las inútiles casas
en la deriva del tiempo,
en la ciudad del sol
quise arcilla para moldear la llegada
la llegada de la forma, de la Galatea
de mi desvelo pálido.

Tuve arcilla en mi mano,
inquieta,
que intentaba aparecer la nueva forma
de lo inalcanzable que,
en la expansión irrefrenable de las galaxias,
pudo acercar el átomo primigenio,
de una consistencia nacida de la imaginería,
(de lejos tan lejos tan aire)
a la arcilla inquieta que quería la forma
ansiaba la forma
para sorprenderme
tras una esquina cualquiera
del omnipresente sol.

En la ciudad del sol,
el sol perpetuo
no se oculta jamás.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Trance


I
Se pensaba en los círculos de piedra
en la arena
en una creación;

fue el inicio
en la luna creciente
hasta el sol caído
del día después.

La arena recrudeció en el sol
encendida por el cosmos
que a la noche
no es sino un simple espejo
de lo que no se ve.

II
Fuiste vos día
en tu nombre
que nadie dice

y que no montañas
sino nombre
para lo que estaba ya.

Tu lengua
se encerró en todas las cosas
en tu círculo en expansión

y dijiste arena
y dijiste tiempo
ahora y después

dijiste todo el himno
de muchos días
que en la sed y el hambre
partiste a completar.

III
En la cima
entre toda esta roca
en la cima
habías de gritar un nombre

No te aferraste en el día
no te aferraste en la noche
no te aferraste en el día
no te aferraste en la noche
no te aferraste en el día
te aferraste en la noche

y repetiste cien veces la sed
cincuenta veces el hambre
pero ya no círculos
sino el sentido
que tu propio nombre al escalar.

En la cima
arriba de la sangre
y las manos
y la arena aérea
en la cima

viendo el día
y la noche
en un baile sin sentido
en la cima,
en la cima
no hay asiento de estrellas.

IV
El nombre fue gritado
y se agitó el este
se agitó el oeste

pero el norte y el sur
aún lejos
esperaban tu caminar.

Y caíste de la montaña
sobre la sed, sobre el hambre
y las piedras fueron tu alimento
por días y días
en que tus pies
arena
y tu nombre
aún rebotando en el viento.

V
Te arrojaste en el hielo
con tus pies y tu sangre
y tu arena
y tu año de sed
detrás

Tus pies desarmados de la sal
durmieron en la nieve

tus manos inexistentes
reconocieron el frío
y corriste a otra montaña
porque ya
no querías estar en el suelo.

Fue tu norte la muerte de los pájaros
fue tu norte la resurrección del fuego
al que ansiaste al alba
cuando vos y tus manos
despreciaban la sed
y despreciaban el agua

y tu sur del hielo de dos años
entre el este el oeste
cayendo por todo el sol interminable.

VI
El sur se ha ido
tus rodillas no lo hallan en la tierra
tus manos no lo hallan en el aire
tu boca no lo halla en el agua
no está

se evaporó
y el equilibrio
de los signos
fue roto

fue roto
el equilibrio de los signos
y en el desbalance
se trastocaron tus nortes tus sures
tus oestes tus suores tus nuortes tus
oeores tu terus ut resus coranseuos
essreuo sut ronesue eurrue rsou iqpiora
eqelti uvbir ustrsa
sutvar enimas elie elies
eli alies torumf agriea ujes serg geas swey yews saz zxs sefgy yukop lkiuyt redsaz xsqer ghiopl mnhujb gvde sazxcfe rtyu uiopliu juhgre
zofenl lmeine eni ine onqqno iaeccias undeu undeiti
luo u oujesdt duerfgaf euner inire spoujl hioju iel niso ial meket optiy ruh tigv
i n g u n e k i hre ohm mre omh

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Burbuja de Cristal


En pies por la casa
y el frío y no tengo
la chimeneas esas, de los cuentos.

Los pies y el frío en la casa
por ser el héroe del sol
que está lejos, muy lejos.

Una espada de madera
los dragones, las princesas
y la frazada, la capa
del sueño frágil en el cristal.

Nadie hay
entre el suelo y mis pies,
el frío me abraza
y me anima a correr
a buscar el sol
que lejos
de la ventana está.

martes, 31 de agosto de 2010

Un día de un hombre de campo (De Carlos Torres a Cristóbal Torres)


Casi no aprendió a leer ni a escribir. La responsabilidad de su familia, sus miedos a enfrentar lo desconocido, como la ciudad, la esperanza de tener una vida mejor para sus hijos, sin la dureza del monte chaqueño.

"Hoy es un día como los 365 del año, estoy sentado con el mate amargo en la mano derecha, la pava en la otra mano, al costado el fuego bien prendido de quebracho. Son como las cuatro de la mañana, ni pienso que es lo que tengo que hacer, los músculos sin recibir órdenes ya lo saben. Salgo a buscar lo caballos que están en la pequeña chacra. Cuatro caballos de tiro, fuertes ellos, ya me están esperando; les hablo como todos los días, les cuento cosas, lo que se me ocurre, hasta parece que me contestan con algún soplido. Vuelvo caminando junto a ellos, los preparo, los ato al carro y me esperan. Ya la patrona me está preparando la comida para llevar; los chicos que me acompañan son dos, me da tanta pena hacerlos trabajar, pero solo no puedo. Apenas está aclarando, salimos, estamos como dormidos los tres. Los caballos conocen el camino. Vamos entrando en una picada, allí nos esperan allí nos esperan unos árboles enormes que tenemos que voltear. Tenemos que hacerlo a fuerza de hachazos, pelarlos, cortarlos y luego cargarlos sobre el carro.

Voy camino al pueblo al costado de los animales, siento la fuerza que hacen al tirar del carro, me imagino los kilos de madera que llevan pero no puedo cargar menos porque sino el viaje no rinde. Paso por la balanza y me dan un bono el cual cambio por mercadería. Todo corresponde al mismo dueño, no me quejo aunque todo sea muy injusto.

Vuelvo a buscar a mis hijos que me esperan para volver a casa, están todo el día en medio del monte. Como ellos, yo también estoy cansado. Les cuento que llegó carta de Buenos Aires. Nos escribe su hermano mayor, que hace casi un año está trabajando allá. Cuenta que es otra vida, está muy entusiasmado en llevarnos a todos. Dice que alquiló un lugar donde vivir y que hay diferentes oportunidades.

En casa todos contentos al enterarse de la carta, yo sigo pensando. Estoy llevando los animales a descansar y pienso en voz alta, hablo continuamente. No sé si es por el cansancio o es que me están escuchando, pero los animales no hacen ningún ruido. Salgo, miro la oscuridad, escucho el silencio, armo un cigarro y luego otro, ya están todos dormidos, sé que esperan mi decisión. Yo sigo con mis miedos y dudas, nunca hice otra cosa más que trabajar en el campo, sembrar, cosechar, andar a caballo... Vender todo para irnos es lo que me cuesta, por el cariño que les tengo a mis animales; desprenderme de mis caballos después de tantos años de cuidarlos es lo más doloroso. Pero pienso en hace un par de año cuando tenía varias hectáreas sembradas de algodón y la sequía y la peste (la oruga) me hicieron perder todo.

Sin darme cuenta son casi las cuatro de la mañana otra vez. No pude dormir, antes de levantarme le pido a Dios que me ayude, la decisión está tomada.
Mis hijos merecen una mejor oportunidad."

Es


No es en el viento
no son cintas amarradas a la orilla
no es la hierba ondeando a lo lejos
no es el borde del mundo indeciso
no es una luna dormida en el agua
no es un ave mediodía
son cintas amarradas a la orilla
no es la mañana de sábanas en el techo
es el borde del mundo indeciso
no es la noche cansada en la ventana
es un ave mediodía
no es la cascada de soles
es en el viento
es

tu cuerpo

ondeando las orillas dormida en el agua en las sábanas mediodía de soles ventana indeciso mundo dormido en el agua en el viento

en el viento
en el viento...

El techo o el cielo

¿Es el cielo un techo?
Entonces, puedo tocarlo,
puedo subirme a ver más allá
(el otro techo tal vez sea)
y si lo pudiera escalar, te estiraría la mano
para que me ayudes
a seguir subiendo cielos

con solo tu nombre
tallado en el aire
me bastaría para sostenerme
y dar otro salto (¿O es esto un vuelo?)
(¿Es esto el cielo para el siempre día?)

Es el cielo el color
que imaginan tus ojos para esta vez
el deseo claro del ascenso en el azúcar
de la voz, el concierto de manos
amarrando átomos
formando aves de papel

El cielo no es techo
sino el sostén de tu nombre
para cada flor
que espera la lluvia.